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 DEDICATORIA Explosión, es una novela dedicada a todas las personas que han sufrido la pérdida de algún ser querido por causa de la guerra o violencia y que les ha tocado sufrir consecuencias que han cambiado su vida, en muchos casos, volver a empezar con dolor, huir a otros países, hacerse cargo de familias enteras o tantas otras circunstancias y que han tenido el coraje de salir adelante. No matarás, es un mandamiento universal, reconocido en todas las culturas, pero no cumplido por estúpidas razones, tales como políticas, sociales o económicas. Ningún ser humano, por poderoso que se crea, debe bajo ninguna circunstancia, ordenar o disparar una bala para quitarle le vida a otro ser humano. Dios nos dio la vida y solo El dispone de cuando debemos de dejar esta tierra. Para las víctimas “ Colaterales ” como se les llama actualmente, nuestro reconocimiento, solidaridad y admiración, rogándoles su perdón por nuestro irracional comportamiento social. Quiera nuestro Creador perdonarnos de tanta maldad y destrucción de su Creación. El autor. Capitulo 1 Graduación de Paula Era una noche fría de Octubre. Para Mario era la más esperada en muchos años. Paula Hurtarte, su esposa se graduaba en la Universidad Los próceres de Administradora de Empresas. Se habían casado muy jóvenes, se conocieron cuando eran estudiantes de contabilidad y fue amor a primera vista. Estudiaban juntos, comían juntos, se trasladaban en bus juntos y pronto hicieron planes para vivir la vida juntos. La familia de Paula se opuso a la formalización de ese noviazgo porque consideraban que ella no había vivido su juventud y que nunca iba a realizar su sueño de graduarse de profesional. Sin embargo Paula resultó embarazada y tuvieron que aceptar que se casaran. Pronto nació Paulita. Mario y Paula tuvieron que ponerse a trabajar de día y estudiar por la noche para cursar su carrera de contadores. Su fueron a vivir a la casa de Doña Florencia, quien era madre soltera y había creado con mucho sacrificio a su único hijo. Ella estaba muy orgullosa de que Marito, tuviera su apellido dos veces: Mario López López. Por supuesto ella también no estaba muy de acuerdo con el casamiento tan repentino de Marito, pero cuando supo que se irían a vivir a su casa, cambio su actitud, con la ilusión de cuidar a su nietecita. Mario recordaba con tanta ilusión como habían planificado su estrategia de vida y amor: El trabajó los cinco años de la carrera de Paula haciendo horas extras y trabajando muchas veces los días de feriado, con tal de que su esposa solo trabajara medio tiempo y lograra sacar su carrera. Paula por su parte obtuvo siempre muy buenas calificaciones, tanto así que ahora que se graduaba ya tenía asegurado un excelente puesto en una empresa transnacional, donde le iban a pagar un buen salario en dólares. Ahora implementarían la segunda parte del plan de los esposos López Hurtarte, Mario iba a trabajar solo medio tiempo y Paula se haría cargo de la mayor parte de los gastos mensuales de los próximos cinco años, para que Mario pudiera cursar su carrera de Contador Publico y Auditor, y en pocos años los dos fueran profesionales, comprarían su casa y encargarían a la cigüeña el hermanito de Paulita. Mario no podía estar más emocionado y daba gracias al Ser Superior como el lo concebía de que todos sus planes se estaban cumpliendo, sobre todo ese día que llegaban a su primera meta. Por su parte Paula se sentía muy orgullosa de que su matrimonio con Mario había resultado todo un éxito, a pesar que la oposición permanente de sus padres, quienes al recibir la invitación de su acto de graduación tuvieron que reconocer que las cosas estaban caminando bien, ya que Paulita se encargaba de ablandarles el corazón con sus gracias y travesuras. Estaba tan feliz por el nuevo trabajo que le parecía un sueño. Varios profesionales habían optado por la plaza, pero su catedrático de administración la había recomendado y al presentarse a la entrevista y ver sus calificaciones la habían contratado de inmediato. Y allí estaba, vistiendo su toga negra y birrete con el distintivo de su facultad, caminando hacia el escenario junto a sus amigos y amigas, compañeros de cinco años de estudio y que se graduaban ese día. Al verse de frente al público asistente notó el esfuerzo de Mario por retener sus emociones y el saludo de su hija con su manita, suspiró profundamente dejando caer un par de lágrimas, Dios ha sido bueno con nuestra familia, pensó, y nos ha dado mucho más que a tantas personas. No dejó de sentirse bien por el orgullo que se notaba en su papá y mamá, quienes ya habían olvidado sus enojos y le aplaudían frenéticamente. Cuando el Decano de la facultad mencionó su nombre para darle su título de Administradora de Empresas, dio un emocionado paso hacia el pódium, notando que el aplauso era mayor para ella, no pudiendo escuchar que se le mencionaba como la mejor calificación de su promoción. La foto del recuerdo tendría que reflejar sus sentimientos, ella junto a Mario cargando a Paulita, Doña Florencia con sus mejores galas y su mamá y papá, luciendo orgullosos el título de su hija. Esa imagen la pondría en un bonito marco y en la sala de su futura casa, en donde luciría en la pared principal. Su carrera universitaria les había limitado mucho sus gastos, ya que para su situación económica lo ideal sería haber estudiado en la universidad de San Carlos, que era financiada por el estado, sin embargo cuando fue a realizar su examen de admisión en la jornada nocturna, de repente se fue la luz durante mas o menos 3 minutos y al volver en el frente estaba un grupo de personas encapuchadas luciendo armas de grueso calibre. El líder del grupo los identificó como estudiantes que habían tomado la decisión de incorporarse a la lucha armada guerrillera, ya que era la única manera de acabar con la burguesía del país y convertir la nación a un régimen comunista en donde ya no existirían los pobres, tal como había pasado en Cuba, y las luchas armadas de Nicaragua y El Salvador. La invitación era directa y existía una oficina del frente urbano en la Universidad, y del movimiento de los estudiantes mártires Paula había escuchado de la muerte de catedráticos de la`` San Carlos`` que era autónoma por lo que la policía y el ejército no podía ingresar a las instalaciones, además sabía de muchos estudiantes que se unieron a la revolución. Recordó un enorme mural que había divisado en la pared de la Facultad, una figura extraña con un enorme casco militar que decía ``Estudiante, sospecho que te estas graduando de explotador`` Se volvió a apagar a luz y a los pocos minutos fue de nuevo encendida, el grupo de encapuchados había desaparecido. En el aula todo era confusión, Paula sintió temor, salió de aula y corrió hacia la parada de Buses, que estaban abarrotados. Mario la vio llegar a casa pálida y asustada. Preguntó que le había pasado y Paula aún nerviosa le contó el incidente. No podían creer que su futuro era tan negro. Paula no regresaría a la San Carlos porque el susto fue muy grande, además temía que en una confusión ella podría ser víctima de alguna bala perdida y dejaría a Paulita huérfana. Mario por supuesto la apoyó y estuvieron analizando el tema por varios días. No había alternativa se sacrifiricarían al máximo y Paula se inscribiría en una universidad privada. Con este acto de graduación le decía a su esposo: Nuestro amor y el sacrificio no fue en vano. Había llegado con éxito a su meta, se había graduado de Licenciada en Administración de Empresas, con honores. Los padres de Paula habían preparado una exquisita cena. Era un plato exótico de la cocina patria, el predilecto de Paula. Pepián de Pollo. Se trasladaron a la casa en donde estaban invitados los compañeros de trabajo y estudio de Paula, sus tíos y tías, primos y primas, sobrinos, vecinos y hasta algunos colados. Doña Florencia había contratado una marimba para que amenizara la fiesta, aunque a los jóvenes no muy les gustaba esa música la tuvieron que escuchar toda la tarde. Ella también se sentía partícipe del triunfo de su nuera, ya que había realizado la importante y agradable tarea de cuidar y ver crecer a su nietecita. Además su hijito Mario López López, como ella recalcaba su nombre, era el esposo que había colaborado en la mayor parte de los gastos de la carrera de su esposa. Por si tanta alegría no fuera suficiente, el padre de Paula Don Elizario, pidió la palabra en un improvisado discurso, elogiando las cualidades de su hija y teniendo que reconocer que Mario había sido la mejor escogencia, ya que le constaba el desborde de amor y sacrificio que la pareja había realizado para cumplir su ilusión y como las calles y los buses estaban tan peligrosas con tanto alboroto de enfrentamientos armados, ya que la guerrilla tenía en la ciudad células urbanas, pues él y Doña Paula, le habían comprado un carro a su hija como regalo de graduación, que aunque era un vehículo de segunda mano, estaba en buenas condiciones mecánicas, para que la familia López Hurtarte, se trasportara. Los aplausos fueron elocuentes y Mario agradeció públicamente el regalo e invitó a las familias a olvidar cualquier disgusto pasado ya que de aquí en adelante la vida cambiaría para todos, Paula toda una profesional y él iniciando su carrera. Todos brindaron emocionados. La fiesta continuó hasta tarde de la noche ya que ahora tenían automóvil para trasladarse a sus casas. Después de haber dormido a Paulita que también estaba muy inquieta por tanta emoción, Mario y Paula se disfrutaron esa noche como nunca. Estaban muy relajados y felices, su amor no solo era un sentimiento que ellos mismos no podían explicar sino que el haber llegado a donde se habían propuesto, los había trasladado a nueva una dimensión de felicidad. No podían creer tanta bendición. Casi no durmieron disfrutándose y trazando nuevos sueños e ilusiones. Paula cayó en cuenta que estaba en sus días fértiles y de repente encargarían al hermanito o hermanita de Paulita. Tal vez esa madrugada sería el inicio de su nuevo embarazo y total al otro día podrían levantarse tarde porque tenían unos días de vacaciones. CAPITULO 2 DESAYUNANDO TARDE Paulita le jaló la almohada a Mario, ya era media mañana y le habían prometido llevarla a desayunar al nuevo restaurante de una cadena extranjera, donde promocionaban el obsequio de un muñequito supermodell, con la compra de una hamburguesa. El contemplo dormida a su bella mujer y le dijo a su hija, dejémosla descansar otro rato. Sin embargo la conversación despertó a Paula quien sonriendo le dio un beso a Mario y abrazó a la pequeña diciendo: vamos a desayunar donde le prometimos a la bebe. Saben ustedes que son las dos mujeres más importantes de mi vida, les dijo sonriendo Mario, pues más te vale, le dijo su esposa, dándole una palmada en el hombro. Salieron de la casa, no sin antes la nieta prometerle a su abuela que le traería un muñequito del supermodell , por supuesto porque pretendía comerse dos hamburguesas. L a abuela le sonrió y le dijo: bueno, espero que mi muñeco sea rubio y bien fornido. Se despidieron con una sonrisa todos, ya que ahora tenían carro para trasladarse. Paulita iba diciendo adiós con su manita a los otros vehículos que pasaban cerca, y su mamá aprovechó para decirle: Hija, creo que muy pronto vas a tener un hermanito. Ella gritó de emoción y dijo: mamita es lo que le he pedido a Diosito cuando le rezo todas las noches, porque todos mis amigos hablan de sus hermanos y yo no se que decir. Paula la tomó en sus brazos y le dio un gran beso, bueno nena ojalá tus oraciones sean oídas muy pronto. Mario miró por el retrovisor y les dijo : Que escena tan tierna, mejor que sean cuaches y así tengamos dos, un niño y una niña. Pero en ese caso no va a aguantar la cigüeña dijo la pequeña y todos sonrieron. Mira allí esta el restaurante y el anuncio de los supermodell, gritó emocionada Paulita. El parqueo del lugar estaba bastante protegido por varios policías, esa era la escena normal en la ciudad, ya que el conflicto armado estaba en una etapa fuerte y la batalla se reflejaba en todos los ámbitos. Un restaurante de una franquicia extranjera, tenía que estar bien resguardado porque representaba un símbolo ideológico importante. Sin embargo, el estar bastante cuidado, fue un símbolo de tranquilidad para Mario, ya que eso significaba un buen grado de seguridad para la clientela. Para Paulita era una promesa cumplida por sus padres. Pronto estuvieron en el mostrador de órdenes de comida rápida y ella pidió sus dos hamburguesas y sus dos supermodells, ya que uno era para su abuela. La tuvieron que complacer ya que ella era la principal razón y el producto del inmenso amor de la pareja. Pronto la niña se fue al área de juegos infantiles del restaurante y Paula empezó a enumerar nombres de niños para su futuro hijo. Ella quería que fuera un niño para que hiciera pareja con Paulita, sin embargo Mario dijo preferir otra niña, por lo dulce, amorosa y delicada niña que era su hija. Que sea tan inteligente como la madre, le dijo a su esposa. Sin embargo a Paula se le empezaron a humedecer los ojos, dejando rodar una lágrima, asustando a su esposo que se desconcertó. ¿Que pena podría tener su media naranja? Ella lo tranquilizó diciéndole: Me salen las lágrimas pero de felicidad, como ha sido de buena la vida con nosotros, este es un momento cúspide e histórico en nuestras vidas, al pensar en nuestro futuro me emociono, imagínate, con mi título profesional, con un empleo que me pagarán en dólares, tú empezando tu carrera, nuestro nuevo hijo, enganchar nuestra casa y este amor que siento por ti, que va en aumento cada día, no sé donde guardar tanta felicidad. Mario se quedó paralizado, tampoco el sabía que decir, creía que cualquier palabra se quedaría corta a lo dicho por su esposa. De pronto sintió algo que nunca había experimentado, también se le estaban humedeciendo los ojos. Recordó que doña Florencia le había siempre dicho `` los hombres no lloran``, pero lo que él estaba sintiendo era superior a ese pensamiento. No hallaba que hacer y antes de que su semblante lo delatara, le dijo a Paula, perdóname voy al baño, caminó sintiendo que no llegaba nunca, con la cabeza agachada para que nadie se diera cuenta de las lágrimas de emoción que no podía contener. Paula sonrió y se dijo así misma: Además de ser el amor de mi vida, es tierno, sincero y tan frágil como un niño, cuando venga le voy a dar un abrazo largo, porque cada día lo siento más parte de mi. Que bueno que no había nadie más en el baño de caballeros, pensó Mario, porque cuando se vio en el espejo no pudo contener el llanto. Como se podría llamar eso que sentía por su esposa, era un grado superior al amor, al compañerismo o a la amistad, era indescriptible. Se echo bastante agua en la cara, debería despistar que había llorado. Secándose con las toallas de papel, suspiró profundamente para tratar de aquietar su corazón que parecía salírsele del pecho. Un sonido brutal y estremecedor lo lanzó contra una pared del baño, la pared de enfrente se arrancó de un tajo de su cimiento, cayéndole encima. Todo se volvió oscuro, silencio total, perdió el conocimiento. CAPITULO TRES ESPANTOSO CAOS Era un turno rutinario en la estación de Bomberos Voluntarios, todo estaba relativamente tranquilo porque a esa hora de la mañana normalmente no hay muchas emergencias. De pronto sonó el teléfono, Ricardo que estaba de turno contesto la llamada y pronto transformo la expresión de su rostro accionando la alarma de emergencia máxima para varias ambulancias, equipos de rescate y motobombas. Inmediatamente El Capitán Alexander le llamó por el radio para saber que catástrofe era y que equipo deberían de llevar. Ricardo con voz de asombro el dijo: Hubo una explosión provocada por una bomba en el restaurante de comida rápida de la sexta avenida y 10 calle, destruyendo totalmente el inmueble, hay varios muertos, personas atrapadas y la cocina esta incendiándose. El Capitán se dio cuenta de la gravedad del asunto y se puso en marcha con todo las unidades disponibles, solicitando que la estación más cercana se pusiera en alerta para apoyar en caso necesario. Con la sirena abierta encabezada el grupo de emergencia que afortunadamente quedaba a corta distancia solo que en el área central del la ciudad. Al llegar al lugar no podía dar crédito a lo que estaba viendo. El restaurante prácticamente había sido borrado del mapa, habían muchos cuerpos destrozados, otros heridos muy graves, la cocina en llamas y posiblemente debajo de los escombros otras víctimas. Coordinó inmediatamente con el Hospital General y las otras estaciones de Bomberos cercanas pidiendo urgente apoyo. Entre los muertos le conmovió ver el cuerpecito de una pequeña niña, como de la edad de su hija, que aún tenía en su mano un muñequito de los que regalaban en el lugar. El ejército cercó el área, los medios de comunicación llegaron a cubrir la noticia y pronto se hicieron presentes los canales de televisión extranjera que estaban destacados en el país cubriendo los distintos escenarios en donde se libraba la guerra contrainsurgente. Inmediatamente transmitieron la noticia al mundo entero. La explosión provocada por la bomba había destruido el restaurante y se iniciaban las investigaciones para dar con el o los autores del atentado. El capitán Alexander y los bomberos bajo su cargo no se daban abasto para trasladar a los heridos al hospital, improvisó un lugar para poner los cadáveres y designo un equipo especializado dirigido por Raúl Rodríguez, para que buscara en los escombros algún sobreviviente o más muertos. El caos era total y el que alguien estuviera con vida sería un milagro. Raúl y su equipo empezaron a removerlos encontrando más personas muertas, entre empleados, clientela, guardias de seguridad, niños en los juegos y personas que pasaban por el lugar. En sus años de bombero, Raúl no había estado en un lugar con tantas personas muertas y mutiladas, es decir un espantoso caos. Estuvieron trabajando todo el resto del día en esa desagradable tarea, hasta que dieron por concluida la tarea. Spanky, la perrita adiestrada para buscar sobrevivientes no dejaba de ladrar fuertemente hacia la esquina del fondo . Era un espacio pequeño, donde las paredes habían sido arrancadas de su lugar por la fuerza del artefacto, parecía ser el baño y al topar una con otra habían dejado un espacio en donde estaba el cuerpo de un hombre joven. Inmediatamente con el cuidado del caso empezaron a abrir un boquete en la pared para tener acceso al lugar. De pronto Raúl creyó ver un movimiento en su mano, tomándole el pulso se dio cuenta que aunque débil, ese hombre aún estaba vivo. Inmediatamente lo trasladaron a la ambulancia y al hospital. Estaba muy mal herido y era muy difícil que sobreviviera, pero Raúl se encontraba satisfecho de haber encontrado un sobreviviente en aquel caos y felicitó a los muchachos y le hizo un cariño a Spanky, todos habían cumplido con su deber. Al extinguir el incendio, el juez haber ordenado el retiro de los cadáveres, y trasladado a los heridos, El capitán Alexander dio la orden de regresar a la estación de Bomberos a todo su extenuado grupo de valientes y esforzados muchachos. Al hacer su reporte destacó el hecho de encontrar un mal herido sobreviviente entre las paredes del baño del local. Al cerrar el libro no pudo más de apesadumbrarse por las muchas víctimas inocentes que habían muerto o estaban heridos, entre trabajadores, clientes, vigilantes etc. que no tenían nada que ver en la guerra que cobraba diariamente cientos de vidas inocentes que estaban en el lugar y la hora equivocada. Salió inmediatamente para su casa, quería abrazar a su hijita Ivonne. Le había impactado el corazón, los restos de aquella pequeña niña, que en su mano sostenía un muñequito en la mano, que tenía más o menos la edad de su pequeña. SOLO PARA SALIR DE LA DUDA. Doña Florencia acostumbrara almorzar viendo el noticiero de medio día. Al prender su televisión el noticiero destacaba las imágenes de la impactante noticia: una explosión había destruido un restaurante en el centro de la ciudad, dejando como saldo varios muertos y heridos. Como se había transformado su patria, pensó, las noticias diarias eran de enfrentamientos atentados, muertos y heridos. El ejército y la guerrilla libraban una lucha terrible, en donde mucha gente estaba muriendo y lo que era peor, antes solo se oía de combates lejanos en el interior de la república, pero ahora trasladaba la lucha a la capital. La semana anterior se había quedado sin electricidad por varias horas junto con todo su barrio, porque habían ``volado`` una torre conductora de energía eléctrica cercana. Ella ya casi no visitaba a sus amistades, para no correr peligros en las calles. Al observar la destrucción total de ese restaurante en la zona central, las escenas de los bomberos trasladando tantos heridos y el saldo de muertos, era la triste situación que vivía su patria, y se consternaba por los familiares de tantos inocentes fallecidos y heridos. Que Dios les ayudara en su dolor. Recordaba con nostalgia los tiempos de su juventud cuando gobernaba el General Ubico, si por descuido alguien dejaba abierta la puerta de su casa, la policía tocaba, para decirle que la cerrara, que tiempos aquellos. Por su parte Don Elizardo se aprestaba a tomar su siesta porque el estaba acostumbrado a almorzar a las doce en punto del medio día y miraba el noticiero como parte de su descanso. De pronto saltó de su sillón. En la escena del restaurante destruido vio los restos de un vehículo parecido al que le acabada de regalar a Paula. Se trató de tranquilizar pensando que existían muchos de esa marca y color, recordó que tenía apuntado el número de placa en una tarjeta en su cartera. Pero no podía ser el de su familia, no era posible. Sin embargo tendría que salir de la duda, por lo que no le dijo nada a doña Paula y salió presuroso a la escena tan terrible, solo era para salir de la duda, se repetía, porque no podía ser el carro de su hija. El ejército y la policía no dejaban pasar a nadie a la escena de la explosión. Don Lizardo pidió hablar con el Capitán a cargo. Se presentó un joven oficial y el papá de Paula le relató el motivo de su presencia en el lugar. Creo que debe de salir de la duda señor, le dijo, y le voy a acompañar. Poco a poco se fueron acercando al lugar, las vitrinas de los comercios cercanos estaban hechos añicos, escombros por todos lados, teniendo que caminar con mucho cuidado, y con la precaución de no lastimarse, pasando por las mangueras de los bomberos que iban y venían, se sentían olores desagradables, el humo le hacía arder los ojos, teniendo sensaciones desagradables que nunca había sentido en su vida. Llegaron al que era el parqueo del lugar y don Lizardo empezó a buscar el vehículo que había visto en el noticiero. Era muy difícil identificarlos porque unos estaban destruidos, otros aún humeaban y el color había desaparecido. De pronto vio entre hierros retorcidos el baúl del que se parecía al que le había regalado a su hija Paula. Sacó la tarjeta que cargaba en su bolsillo y vio el número de la placa. El oficial tuvo que detenerlo, Don Lizardo se desmayó al comprobar que era el vehículo de su familia. Inmediatamente un bombero que estaba cerca tomó a don Lizardo y lo trató de volver en sí. Tal vez solo habían estacionado el auto en el lugar y andaban haciendo algunas compras en un comercio cercano, se dijo don Lizardo cuando tomó de nuevo conciencia. El capitán le sugirió que para estar seguro podía ver los cadáveres que estaban ya en sus respectivas bolsas negras. Don Lizardo respiró profundo y tomó la valiente decisión. Cada rostro que le mostraban y que no era de su familia, respiraba con alivio. De pronto vio una bolsa pequeña, el oficial le indicó que era el cuerpo de una niña. Pasó sobre su mente un pensamiento terrible, se acercó y la abrió. Horrorizado se dio cuenta que era Paulita, no podía ser posible, que dolor tan inmenso. Se sintió desfallecer. Continuó casi sin fuerzas, destapado bolsas y aparecían rostros de hombres y mujeres muchos irreconocibles, víctimas de la terrible guerra, en donde a los ciudadanos comunes y corrientes les tocaba poner sus cadáveres. Muy pronto su temor se convirtió en una pesadilla, su hija Paula, su recién graduada, su más preciado tesoro, también estaba entre las muertas. Lanzó un grito desgarrador de dolor, no lo podía creer, no era cierto, estaba teniendo una pesadilla de la que pronto despertaría. Terminó de ver los fallecidos y no estaba Mario su yerno. Inmediatamente el oficial les pidió a los bomberos que lo llevaran al Hospital General a ver si entre los heridos no estaba su familiar. El no se quería separar del lugar pero le convencieron que todavía faltaban varias horas para que el juez ordenara el traslado de los muertos. Se subió a la ambulancia sin tener noción del tiempo y lugar. Su mente estaba totalmente bloqueada. Al llegar al hospital lo llevaron en donde estaban los heridos por la explosión. Revisó todas las camas en donde estaban los heridos y no reconoció a nadie. Pregunto que si no habían llevado a otros pacientes a otro hospital y le dijeron que no. El bombero le sugirió que se acordara de algo que podía identificar a su familiar, y se acordó de que de estar Mario entre ellos tendría que tener su argolla de matrimonio. Vio en una cama de Intensivo un muchacho totalmente desfigurado que tenían mangueras, aparatos y enfermeras alrededor, estaba muy grave, al ver su mano identificó el anillo, era Mario, había sobrevivido. Sin embargo don Lizardo seguía enfrentándose a momentos difíciles y complejos. ¿Cómo le daría la noticia a su esposa Paula y a doña Florencia, la mamá de Mario? Tendría que superar su dolor, enfrentar la situación, tomar decisiones fuertes, dejar sus emociones para más tarde. Doña Paula le abrió la puerta, su asustó de ver a su esposo pálido y con la ropa manchada, intuyò que le había pasado algún accidente. Don Lizardo no se pudo contener y la abrazó fuertemente llorando. Ella se sobresaltó y le pregunto que le pasaba. Paula y Paulita, han muerto en la explosión del restaurante y Mario esta grave en el hospital, le dijo, sin más preámbulos. Ella se quedó sin nada que decir, se sentó y pidió un vaso de agua, porque se sentía desfallecer. En su pensamiento no comprendía tanta información trágica en un solo momento. Por favor, eso no puede ser, le dijo a su esposo. Nadie me lo dijo, yo personalmente reconocí sus cuerpos y estuve en el hospital, aunque se que es la noticia más dura de nuestra vida, por favor acompáñame casa de doña Florencia. Sacando fuerzas de donde ya no tenía dijo: tenemos que hacer los arreglos para la velación y el entierro de Paula y la nena. También vamos a ver que necesita Mario en el hospital. Doña Paula tomó el suéter más cercano y salió acompañando a don Lizardo. Ninguno de los dos dijo nada en el trayecto, sus mentes no lograban procesar tanta desgracia. Doña Florencia se sorprendió al recibir la visita inesperada de sus consuegros, sin embargo al ver la expresión de sus rostros comprendió que algo grave les había pasado. Pasen Adelante, les dijo, porque vienen tan asustados. Doña Paula quiso decir algo pero no pudo, no le salía ninguna palabra, además no sabía como decir la grave noticia. Don Lizardo, sacando fuerzas de donde ya casi no tenía, le dijo: Lamentablemente le traemos una mala noticia. Ella comprendió que era grave la situación porque en su vida le había tocado enfrentar muchas situaciones difíciles pero siempre las había superado. Su rostro se fue descomponiendo a medida que escuchaba la terrible noticia. Comprendió que para esa situación si no estaba preparada, Paulita su niñita adorada, Paula su nuera y Mario, su única razón de vivir, no podía ser. Don Lizardo tratando de guardar un poco de serenidad propuso dividirse las tareas, ellos irían a ver lo del funeral y le pidieron a Doña Florencia ir al hospital a cuidar a Mario. Inmediatamente salieron a realizar sus dolorosas tareas. No la dejaban ver a su hijo porque estaba en intensivo. Ella habló con todos los que miraba vestidos de blanco y las enfermeras, pidiéndole por favor que le dejaran entrar. Le indicaron que el doctor a cargo era Mauricio Ibáñez, y se puso a localizarlo. El esta muy grave le dijo el doctor Ibáñez, tenía quebrados los brazos, contusiones en todo el cuerpo, y los golpes internos le afectaban la respiración. Le iban a permitir verlo, pero sólo un minuto, no le podía hablar. Cuando estuvo frente a su hijo no lo reconoció, su rostro estaba desfigurado, recordó que don Lizardo lo había distinguido por su anillo de casado, y le descubrió la mano. Claro era él, sus lunares del brazo que siempre le habían distinguido estaban allí. Se enjuagó las lágrimas y le dijo al doctor; lo que necesite por favor dígamelo. Se recordó que por muchos años siempre guardaba un poquito de dinero en la cuenta de ahorros, que en el transcurso del tiempo era un buen ahorro que estaba destinado a ser la herencia de su hijo. Era el momento de utilizarlo y si fuera necesario vendería su casa, con tal de ver a Mario recuperado, rezándole a Dios que por favor le hiciera el milagro de dejar vivir a quien era su única razón de vivir. Pasó toda la noche en la sala de espera del intensivo, cada vez que salía un doctor del lugar se paraba a preguntar por su hijo. En la mañana apareció Doña Paula vestida de luto y con su rostro reflejando el gran dolor a preguntar por la salud de Mario y a decirle a doña Florencia que a las dos de la tarde iba a ser el entierro de su nieta y de su nuera. Las dos mujeres se abrazaron, estaban partidas por tanto dolor y tenían los ojos irritados de tanto llanto. En el cementerio enterraron a Paula en un nicho a la par de Paulita. Don Lizardo y Doña Paula estaban inconsolables, sus familiares y vecinos les acompañaron hasta su casa, en donde se sentaron en la sala en silencio, todavía no alcanzaban a comprender la situación. Estaban en Shock. Doña Florencia regresó al hospital, Mario todavía estaba inconsciente y los médicos hacían lo posible por volverlo a la conciencia. Después de cinco días, Mario dio señales de mejoría. Las medicinas estaban haciendo efecto, respondía a estímulos médicos tales como pequeños toques eléctricos, luz en los parparos y otros. Doña Florencia no se había movido de la sala de espera del intensivo del hospital, Doña Paula y Don Lizardo llegaban todas las tarde a pasar unas horas en la sala de visitas, les servía como terapia ver el progreso en la salud de su yerno y animar a su mamá. De pronto la primera buena noticia en muchos días, Mario saldría del intensivo hacia el área de recuperación general. Ya habría los ojos e ingería alimentos por sus propios medios, aunque los golpes le cambiaron el color de la piel, en pedazos negros y morados, además con los dos brazos enyesados casi no se podía mover. La policía estaba también atenta, querían interrogarlo, era uno de los pocos sobrevivientes de la tragedia. Doña Florencia llamó por teléfono a Don Lizardo, Su hijo estaba empezando a reconócela y dar algunos balbuceos, quería que le apoyaran para darle la terrible noticia de la muerte de su esposa e hija. Ella no tenía corazón para decirle, además no sabía como lo tomaría, que reacción tendría. Doña Paula no quiso ir, creía que no podría aguantar el momento, estaría presente después. Llegó al hospital y pidió hablar con el doctor Ibáñez, para que le aconsejara como decirle a su hijo político una noticia que cambiaría totalmente su vida. Lamentablemente el doctor no estaba de turno y tendría que decírselo de acuerdo a como Dios le ayudara. Doña Florencia estaba esperándolo, a Mario ya se le entendía lo que hablaba, pero ella no se atrevía a decirle nada. Se pusieron de acuerdo en decírselo poco a poco y tener una postura fuerte, Doña Florencia prometió no llorar. Mario se puso inquieto al ver a su suegro y a su mamá, lo último que recordaba era que iba alegremente con su esposa Paula y su hija Paulita en el carro hacia el restaurante. Le preguntaron a la enfermera si Mario estaba consiente y entendía lo que le decían, ella les dijo que su recuperación se estaba dando muy bien. Gracias a Dios, dijo doña Florencia, y empujó el brazo de don Lizardo. Se acercó a escuchar a Mario que le trataba decir algo: ¿Porqué no vino Paula y Paulita ? le pregunto. Don Lizardo tomó aire y le dijo: Pues….hubo un accidente en el restaurante en el que estaban comiendo….. ¿Pero porque no están aquí, no dejaron entrar a Paulita al hospital? Pues…fue una gran explosión…. ¿Pero donde están ellas ? le volvió a interrogar ya con rostro de preocupación. De pronto doña Florencia no pudo cumplir su promesa y se puso a llorar. Don Lizardo vio el rostro desfigurarse de su yerno y le dijo: Tienes que ser fuerte, ellas fallecieron en el lugar. Noooooo ¡ gritó Mario. Las enfermeras acudieron a la cama, lo vieron tan inquieto que le dijeron, le vamos a poner un tranquilizante. Mejor pónganme un veneno porque profiero morir……….no quiero la vida sin mi esposa ni mi hija, por favor, prefiero morir. CAPITULO CUATRO DEFINIENDO ESTRATEGIAS La mamá, y los suegros contrataron un taxi que los llevara al hospital y los regresara con Mario a casa de doña Florencia porque los médicos le habían dado de alta. Le llevaban ropa nueva, pero no sabían que decirle, ni como Mario iba a reaccionar o que realizaría en su vida. Doña Florencia al verlo tan triste y desfallecido y con la fortaleza que le había dado la vida, ya que como madre soltera había enfrentado obstáculos muy difíciles para salir adelante junto con su hijo, le dijo: Tienes que ser fuerte y sobreponerte porque me tienes a mí y a tus suegros para apoyarte, la vida es a veces demasiado dura pero eso nos debe servir para fortalecerte. ¿Mis suegros? Pensó Mario, si ya Paula no existe, yo ya no tengo suegros, además en sus días y noches de convalecencia en el hospital había planificado de estrategia en la negra vida que le restaba vivir. Pensó muchas veces en el suicidio, en convertirse en un monje o tantas otras alternativas que estuvo analizando, sin embargo lo que había decidido era vengarse, a cualquier costo, total ya su vida no tenía sentido, no valía la pena nada. Pero nadie debería sospechar de su estrategia, por lo que con una sonrisa fingida dijo: Claro mamá tienes razón voy a sobreponerme en memoria de Paula y Paulita y ustedes suegros gracias por venirme a traer. Al llegar a su casa se enojó mucho con su mama, ya que ella para que no tuviera recuerdos había quitado las fotos de Paula y Paulita, hasta había comprado ropa nueva de cama y vendido la cuna. No sabes que el recuerdo de ellas dos es lo único que me queda como razón de vivir. Pero yo no me he muerto, le dijo doña Florencia y lo único que tengo es a ti. El la abrazó y se pusieron a llorar, en su estrategia de venganza, debería de cuidar en no lastimar a madre, ya que ella no tenía nada que ver en el asunto. Tienes razón mamita, perdona, pero tráeme las fotos de mi amada Paula y mi pequeña Paulita por favor. El primer punto de su estrategia de venganza era descubrir quienes eran los autores de la explosión en el restaurante. Se acordó del nombre del policía que le había interrogado en el hospital: Ovidio López, y en cuanto pudo se trasladó a la oficina policial a requerir por el Agente. Ya no se siguieron las investigaciones ---le dijo--- porque del atentado se responsabilizó públicamente el grupo: CGC, Comando Guerrillero de la Ciudad, y amenazó a todos los restaurante con esa franquicia internacional, por lo que la gente tienen miedo de salir a la calle y mucho menos visitar la lista de lugares que ellos proporcionaron. Pero me alegra que usted este recuperándose-- le dijo-- nosotros junto con el ejército estamos buscando y combatiendo a estos grupos comunistas. Mario no se aguanto a preguntar si no sabía donde encontrarlos. Si supiéramos ya no estaría vivos, le dijo el agente López. Mario se dio cuenta que tendría que ser mas tranquilo en su actuar, porque el agente se le quedó viendo en una forma extraña a una pregunta totalmente fuera de lugar. Adoptaría una doble personalidad, ser frío y calculador y no perder el punto de la venganza como único objetivo, pero que los demás no se dieran cuenta. Pensó en irse a un área en conflicto, pero lo descartó porque el grupo que había realizado la explosión se llamaba comando guerrillero de la ciudad. En un noche haciendo memoria, porque casi no conciliaba el sueño, se recordó de la situación que había vivido Paula en la Universidad San Carlos, cuando quería iniciar su carrera. Esa era una buena manera de buscar pistas del grupo e involucrarse para llevar a cabo su venganza. Averiguó que podía pedir una inscripción extraordinaria y se apuntó en la carrera que Paula había escogido, Administración de Empresas, que aunque a él no muy le gustaba, esta solo era una acción de su estrategia que estaba empezando a dar resultados. Doña Paula se emocionó cuando su hijo le contó la decisión, que bueno que estés buscando superarte, eso te hará olvidar poco a poco el episodio tan triste que nos esta tocando vivir, porque yo siento un gran vacio especialmente por mi nieta—le dijo. Mario sacó su personalidad de bueno, la abrazó y le dijo: ---no tengas pena mamá, saldremos adelante— BUSCANDO PARTICIPACION. Pronto se encontró con grupos de estudiantes que simpatizaban con la corriente guerrillera. Tenía que controlarse porque se dio cuenta que tenía que recorrer mucho camino para poder enrolarse y ser considerado un combatiente. Se apuntó en el frente estudiantil urbano, y en el frente de los estudiantes mártires. Le asignaron a un grupo de inducción en donde aprendería el porqué de revolución y la guerra. A todo cuánto le decían respondía que sí, aunque siempre puntualizaba sobre aprender a hacer explosivos, para empezar a involucrarse en el tema y descubrir a los asesinos de Paula y Paulita. Lo enviaron una semana a una montaña cercana a Chimaltenango junto con su célula Jorge Obregón, a aprender a manejar armas. Nunca en su vida había tenido en mano una pistola y le daban temor, además le dieron un fusil AK47, que tuvo que disparar, armar, desarmar, y darle mantenimiento, además vestía un uniforme verde. Aunque era una semana de aprendizaje tenían que estar preparados para el combate en caso de ser descubierta la célula. Mario se encontró de pronto viviendo con quince jóvenes y cinco mujeres, comandados por los comandantes: Otto y Roberto. Vivían en improvisadas carpas en la montaña. Recibían información sobre la injusticia social en Guatemala, la clase rica dominante, dueña de todos los medios de producción, porque el ochenta por ciento de la población era pobre y de esos la mitad vivían en extrema pobreza. La única forma de cambiar la situación era derrocar al gobierno militar que se mantenía en el poder por medio de fraudes electorales. Los antiimperialistas eran sus aliados y patrocinadores principales, países en donde el socialismo y comunismo se había instalado, logrando según su entender, el sistema ideal de convivencia, igualitario y sin pobreza. La única alternativa era la revolución armada, tal como había pasado en Cuba. Como consecuencia de este enfrentamiento Este-Oeste, varios países libraban guerras internas, especialmente América Latina, como peones de un juego de ajedrez, cuyo tablero y objetivo final era el planeta tierra. La meta, una potencia debería poner en jaque mate a la otra. Mario empezó a comprender un poco el tema de la lucha. No podía negar la injusticia social en su país y los razonamientos lógicos de estos planteamientos. Sin embargo no debería de perder la razón de estar metido en lugares que hacían pocos meses nunca había considerado que existían: Buscaba a los asesinos de su esposa e hija. Todo estaba bien, pero cuando era de quitar la existencia a otro ser humano, dejaba de tener sentido. Miraba al cielo en las noches estrelladas y pensaba que en alguna de ellas estarían sus amadas mujeres y les decía que pronto las vengaría, ya que esa era la única razón de su existencia. En su afán de destacar, Mario aprendió rápidamente el uso de las armas, y los exámenes teóricos los sacaba con buena calificación. Los comandantes lo empezaron a considerar como uno de los más adelantados. De pronto un vigilante llegó a informar que se acercaba una patrulla militar. La estrategia esconderse, si eran descubiertos, aniquilarlos. En muchas caras de los jóvenes se reflejó el temor. Los comandantes les dijeron, que era el momento de sacar sus ideales al frente, que tuvieran en cuenta que la lucha por su patria y las generaciones venideras, el momento de la verdad había llegado, el pueblo les necesitaba y contaba con ellos para salvarse. Mario se dio cuenta que no tenía miedo y estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario con tal de lograr su propósito, estaba listo para demostrar que su participación era en serio, pidiéndole al comandante que lo pusiera en un lugar al frente. Se escondieron a ambos lados de la vereda y la orden era que si no los descubrían no iban a atacar, los jefes sabían de la inexperiencia de su grupo en combate y que se enfrentaban a una patrulla del ejército que estaba bien entrenada. Los soldados fueron pasando uno por uno en una larga fila muy cerca de donde Mario los podía divisar. Estaba tan sorprendido de ver sus rostros, jóvenes igual que ellos, con rasgos indígenas en su mayoría, representaban también al pueblo de Guatemala, solo que estaban en el otro bando. Rápidamente se puso a pensar que si le tocaba disparar iba a matar a alguno de ellos, o lo harían con él, y se dijo para sí, ¿que es esto? Así como murió Paula y Paulita en el restaurante, puedo morir yo aquí, o mataré a algún joven cuyos padres estarán sufriendo por saber si viven o mueren o cuantos de ellos tienen esposa a hijos en sus aldeas. En su mente empezó a confundirse en el mundo de las ideas y las realidades. Finalmente la patrulla se alejó. Gracias a Dios, dijo Mario, le volteó a ver uno de sus compañeros y le increpó: no oíste que eso de la religión y Dios es el opio de los pueblos, es para mantenernos cautivos ideológicamente. El se quedó un poco aturdido, por estar distraído pensando en su venganza, no estaba poniendo la atención debida, y ninguno podía sospechar de la verdadera razón de su involucramiento dentro del grupo. Sin embargo se acordó de que su mamá siempre le dijo, dale gracias a Dios en todo mijo. INTERES SOSPECHOSO. Se regresaron a la ciudad de dos en dos en buses diferentes. En la carretera un retén militar, paró el transporte y los bajaron a todos, les registraron sus maletines y les pidieron sus papeles de identificación. Como le había tocado regresarse junto con la compañera María, La consigna era `` Novios que andaban paseando `` El capitán encargado del retén, hizo algunas preguntas sugestivas a María y observó que Mario, no reaccionaba. Muy bien: si son novios, bésense, les dijo. María rápidamente dijo: con muchísimo gusto, verdad amor y lo tomó del cuello, dándole un apasionado beso. El se quedó pasmado, pero al sentir la actitud de la muchacha, cualquier sospecha les podía costar la vida, reaccionó aunque tarde abrazándola y acariciándola. Esta bien, les dijo el capitán, súbanse y continúen. Mario se quedó sin hablar, sentía que había traicionado a Paula, como era posible que hubiera aceptado besar María, si él andaba en la búsqueda de vengarse de estos rebeldes por haber matado a su esposa e hija. No lo podía creer, haber traicionado el recuerdo de su esposa e hija. Empezó a dolerle el alma, sintió que el destino se estaba burlando de su causa. Su compañera sin embargo le recriminó: Mira vos, si nos vuelven a parar reacciona más rápido, no miras que en esto están en juego nuestras vidas, pareciera como que no te das cuenta de la gravedad de la situación. Perdona, dijo Mario, es que nunca esperé una solicitud de esas. Lo que pasa es que el capitán sospechó porque vos no reaccionabas, aquí hay que andar listos o nos desaparecen y yo no quiero morir por causa de que vos estés de lento, así que atento, le dijo María. Mario se dio cuenta que estaba cometiendo muchos errores, que su doble personalidad se cruzaba en muchas veces y eso no le iba a permitir ganarse la confianza del grupo, tendría que adoptar una posición más radical ante sus compañeros. Habían quedado de juntarse el martes en el aula 14 del edificio J en la Universidad a las 18 horas. Mario fue muy puntual. La reunión era de análisis, evaluación y pasos siguientes de su célula Jorge Obregón. Todos tenían que participar y decir lo que sentían. De pronto Mario sintió que él era motivo de reacciones diferentes que sus compañeros: El Comandante Otto le dijo que en su evaluación práctica había salido muy bien, además de su pedido de estar en primera fila cuando se toparon con la patrulla militar hablaba bien de su valentía, que hasta parecía que ya tenía experiencia en el combate. Sin embargo el comandante Roberto le dijo que el presentía que Mario no estaba actuando con convicción, que había cometido varios errores que presentaban sospechas, por ejemplo lo que había contado la compañera María que les había pasado en el bus de regreso poniendo en riesgo sus vidas y las del grupo, o lo que había escuchado el compañero Carlos de dar Gracias a Dios. Le advirtió que si era oreja (Informante) del ejército o de la policía, pues ellos lo sabrían muy pronto porque tenían infiltrados en esas instituciones y le describió la terrible muerte que se le daba a los soplones. Mario que se había convencido de tener una actitud más radical, les pidió que lo investigaran, que no tenía nada que esconder, por el contrario estaba en ese lugar arriesgando su vida por la causa de su pueblo y que si había tenido algunos errores, pues todos los demás también . Pidió que le hicieran una prueba para demostrar su identificación con la causa guerrillera, y esperaba ansioso los resultados de la investigación. Otto y Roberto dijeron que lo separarían de la célula mientras esperaban los resultados, que no podía participar en ninguna otra actividad y que esperara sus noticias. Mario se puso desencajado, tanto arriesgarse, meterse en una causa que no muy le convencía, para obtener este resultado, que lo alejaba más y más de su venganza. Pero se repuso y dijo: Como sé que el resultado será favorable, pues espero sus instrucciones. CAPITULO CINCO PEOR QUE CUANDO EMPEZÓ Doña Florencia le abrió la puerta. Se preocupó al ver a Mario, lo notaba más delgado, inexpresivo y preocupado. ¿Que tal te fue mijo en tus prácticas de la universidad? Bien le contesto, pero vengo cansado. ¿No querès cenar? le preguntó. No gracias no tengo hambre. Vino a visitarnos el papa y la mama de Paula y te piden que vayas a visitarlos, ellos están muy tristes y doña Paula bastante enferma, le dijo, Mario hizo una cara de desagrado y se fue directamente a su cuarto. Como iba a ver de frente a la mama de Paula si había traicionado su memoria besando y abrazando a María en el retén. No podía dormir con tantos pensamientos en su mente. Todo le estaba pasando por cobarde, ya que si no hubiera ido al baño en el restaurante, por no llorar frente a Paula, pues el también ya estaría muerto y asunto arreglado. Como toda madre doña Florencia, sospechaba que a su hijo le pasaba algo, pero era comprensible apenas habían pasado tres meses de la explosión del restaurante que le había dejado viudo y sin su nietecita. Solo de acordarse le volvían a rodar las lágrimas. Paulita le había dado un nuevo sentido a su existencia pero la guerra se la había arrebatado junto con su nuera y amargado a su amado único hijo. Mario se estaba gastando los ahorros que había hecho con Paula. Ya no había asistido a la empresa desde el día de la explosión, por lo que dispuso ir a ver si todavía lo aceptaban. Tomó un bus hacia la zona nueve, pero al pasar por una farmacia se bajó a comprar algo para las agruras estomacales que estaba sufriendo. Rápidamente junto con el se bajo un muchacho. Al tomar el bus, se dio cuenta que el joven también se había subido. De repente tuvo la sensación de que lo estaban siguiendo, se puso nervioso, como haría para hacer que no lo notaba. Decidió no ir a su antiguo trabajo, para que no tuvieran ninguna pista, podrían descubrir que su familia había muerto en la explosión del restaurante y tal vez sospecharían de su plan. Se bajó en la parada siguiente, la del parque. Compró el diario y se puso a hojearlo sentado en una banca. A lo lejos divisó al joven que le había seguido, recostado en un árbol haciendo como que leía un libro, volteándolo a ver frecuentemente. No había duda, lo estaba siguiendo desde que salió de su casa. Tendría cuidado de hacer todas sus actividades lo más natural posible. Leyó un par de anuncios de empleo en el periódico. Se dirigió hacia el primero de ellos, pero se dio cuenta que no llevaba la papelería requerida y mejor la completaría. Un documento necesario era la constancia de antecedentes penales que lo extendía la policía, pero no podía ir allá, creerían que era un oreja de ellos, por lo que decidió ir a su casa y quedarse tranquilo por un tiempo, total su mamá siempre lo había sostenido y unos días más no eran mucho. En las tardes iba a sus clases a la universidad, tenía que ponerse al día e hizo amistad con algunos compañeros para que le dieran copia y le informaran los libros que estaban estudiando. Recordaba que todo tenía que hacerlo con naturalidad y no acercarse a los grupos de protesta y rebeldes que estaban allí, estaba en observación. Pasó como un mes en esa situación, se desesperó, estaba peor que cuando empezó. Pero vengaría a Paula y Paulita, costara lo que costara. Buscó nuevos contactos para unirse a la guerrilla urbana, que según la policía eran los autores de la explosión que cambió drásticamente su existencia. Se recordó que cuando escuchaba las lecciones del comandante Otto, el se refirió a algunos Curas de la Iglesia Católica que propugnaban el mensaje cristiano por los pobres, le llamaban la teología de la liberación y que le daban sustento a la lucha armada. Pero por donde empezar, no podía abordar a un Cura y preguntarle si apoyaba a al guerrilla. Empezaría a averiguar en la iglesia en donde asistía su mamá. Doña Florencia se alegró cuando Mario le dijo que la acompañaría a misa el domingo y se vistió con sus mejores galas. Mario se dedicó a observar a los asistentes, todo parecía tan normal como cuando su mama lo llevaba de pequeño. Al finalizar la misa esperó que el padre Pablo despidiera a sus feligreses y lo abordó directamente preguntándole a dónde podía ir, porque quería poner el mensaje de Cristo por los pobres en práctica ya que no aguantaba tanta injusticia y pobreza. El cura que conocía a doña Florencia por muchos años le dijo: Mira hijo, la Iglesia no esta de acuerdo con eso, aunque algunos padres están abogando por que el mensaje de Cristo es fundamentalmente por los pobres, y creen que la revolución armada es el único camino para que se instale la justicia social, La jerarquía de la iglesia no lo acepta. Además no te puedo dar más detalles porque eso es un asunto interno de la Iglesia Católica, le finalizó diciendo. Mario se quedó más confundido aún, quería decir que unos curas estaban a favor y otros en contra. El había oído que los que estaban a favor hasta usaban armas, quería decir que la Iglesia Católica apoyaba y estaba en los dos bandos. La que menos entendió lo que estaban hablando fue doña Florencia. Pero no se atrevió a preguntar nada, eso era lo que estaba aprendiendo Mario en la universidad y ella confiaba en su hijo, así que preparó un buen pepián para el almuerzo orgullosa de oír hablar a su hijo palabras extrañas que seguramente eran las de un futuro Administrador de Empresas. Mario se recordó de dos amigas muy queridas que estudiaron en un colegio de monjas en la ciudad. Las habían llevado a un pueblo muy pobre en el Quiché y al poco tiempo de haber regresado habían desaparecido de su casa. Sus padres sospechaban que se habían enlistado en la lucha armada guerrillera. Por allí podría tener otra pista para tratar de buscar como integrarse. PRUEBA DE FUEGO. Al salir de su clase en la universidad fue abordado por María, quien le recordaba un hecho imperdonable, haber traicionado la memoria de Paula. Te quieren hablar los comandantes en la sede del grupo, le dijo, acompáñame. Mario no sabía de lo que se trataba pero como estaba seguro que no era ningún informante, tal vez lo restablecerían a la célula. Por lo menos estaba de nuevo en contacto. El comandante Roberto le informó: No hemos encontrado, por el momento, ninguna señal que seas oreja o que estés jugando doble papel, así que hemos decido darte una nueva oportunidad. Mario sonrió, su plan de venganza retomaba el rumbo. Te pondremos a prueba, le dijeron, te incorporaras a un grupo de combate en la montaña. Eso no era lo que Mario quería, porque lo alejaba del grupo de la ciudad, sin embargo era la única alternativa que tenía y preguntó, ¿por cuanto tiempo? El necesario, le contestó Roberto, que siempre tenía dudas de los propósitos de Mario. Se trasladó al Quiché. Lo enviaron a las montañas de Nebaj, un lugar donde la guerra se libraba cuerpo a cuerpo todos los días. Le dieron su equipo de combate y lo incorporaron al batallón “ Ixil “, compuesto por unas cien personas en su mayoría indígenas que conocían muy bien la montaña. Era comandado por El cubano y acababan de tener un fuerte enfrentamiento contra el ejército causándose varias bajas. Lo vacunaron contra la gripe, porque la montaña es un lugar muy húmedo, le dieron uniforme impermeable y ropa contra el frío. Su célula ``Provisiones `` la componían diez combatientes, de los cuales solo tres hablaban español, los demás solo Quiché. El que los dirigía era llamado ``uno`` el segundo era ``dos`` y su nombre en el grupo era ``Diez``, era para facilitar la comunicación, le explicaron, ya que a la hora de comunicarse, con el numero de dedos en la mano, se identificaban. Esa primera noche en la profundidad del bosque y junto a tantas personas que no conocía, se preguntó si aceptando esta prueba contribuiría a su venganza o lo habían enviado como ``carne de cañón`` De todas maneras ya no podía hacer nada, así que empezó a sonreír a sus compañeros y les pidió que le enseñaran algunas palabras en Quiché para darse a entender. El cubano, les dirigió un discurso esa noche, le habló de las victorias que habían logrado no solo en ese departamento sino en todo el occidente del país, informándoles que su comando en la ciudad había volado algunas torres y subestaciones eléctricas, dejando sin ese servicio a una gran parte de la población, por lo que estaban ganando la guerra y muy pronto tendrían el nuevo gobierno revolucionario, que haría justicia en el país sobre todo devolviéndole sus tierras a los verdaderos dueños que eran los indígenas, a los cuales los Españoles en la conquista les habían engañado y despojado de las mejores áreas productivas. A Mario le recordó la explosión, su gran drama y se convenció que estaba en el camino correcto, aunque iba a tardar un poco más en realizar su venganza. Al entrar la noche le preguntó a un compañero ¿como era eso de las voladuras de las torres, quienes lo hacían? Le gustaría participar en esas acciones. Le contestó que no sabía mucho, pero en el batallón habían unos especialistas en explosivos que le podrían explicar más adelante, ya que por lo pronto tendría con ``siete`` que hacer el primer turno de guardia, quien le explicaría como se debería realizar. A lo lejos se escuchaban los intercambios de balas y sonido de armas de grueso calibre. Los cañones del ejército que bombardeaban algunos lugares Al día siguiente se pusieron en formación y empezaron a avanzar en la montaña. A su célula ``provisiones`` le dieron la consigna de ir a la aldea cercana a comprar comida. Llegaron a la población, en donde el anciano mayor no estaba de acuerdo con venderles de lo poco que tenían porque ellos no tomaban partido en esa guerra. Algunos de sus hijos los había reclutado el ejército. Los ponían en una situación de mucho riesgo y difícil, su pecado era vivir en la montaña, en medio de la batalla. Sin embargo después de escuchar un discurso revolucionario, no les quedaba otra que vender su maíz, frijol y gallinas. Era una transacción a la que no se podían negar, ya que las armas eran el factor de fuerza. Mario estuvo observando muy impresionado la situación, y le pedía a ``siete ``que le tradujera lo que decían. De pronto vio a una niñita de la edad de paulita que le sonreía. Buscó entre sus bolsillos y tenía un dulce que le regaló. Pobre niña se dijo, en medio de esta guerra, sin saber ni de que se trata. Averiguó quien era la mamá y le dio veinte quetzales para que le comprara alguna ropita, ella le miró agradecida y se retiraron cargando los sacos de maíz. `` Siete`` le aconsejó que debería dejarse de sentimentalismos, porque hacía poco una mujer les había vendido un saco de maíz que adentro tenía explosivos que estallarían al nada mas abrirlo. Sin embargo como no pesaba mucho, los de explosivos había sentido el olor de la pólvora lo habían descubierto y hecho estallar. Mario se dio cuenta que su punto débil era su venganza, Que lo había llevado a situaciones y lugares de una guerra que no le encontraba sentido y donde les rondaba la muerte, ya que las balas no tenían ideas ni sentimientos, sino eran proyectiles mortales. Caminaron todo el día, le empezaron a salir ampollas y hongos en los pies por la humedad. A veces pensaba ¿Que estoy haciendo aquí ? pero la razón de su existir Paula y Paulita ya no estaban, por lo tanto se sobreponía a sus pensamientos, definiendo como encontrar un camino para vengarse de los autores de la explosión en el restaurante. De pronto se detuvieron y se corrió la consigna de estar listos porque los vigilantes habían detectado al enemigo y entrarían en combate. Mario puso su mente en blanco, preparó su arma y se puso en alerta, era su prueba de fuego. Llovían balas por todos lados, Mario solo miraba sobras que se movían y disparaba, cubriéndose, siete estaba al lado nervioso disparando. Parecían fuegos artificiales en todos lados, también se oían explosiones de granadas. `` Uno `` dio la orden de avanzar disparando y su grupo caminaba, corría, se arrastraba y combatía, a un enemigo que apenas se miraba de vez en cuando su silueta en la sombra de la noche, pero que los proyectiles que les disparaban ya les habían causado bajas. Mario le preguntó a `` siete `` cuanto tardaría el combate y no tuvo respuesta, se dio cuenta que ya no iba con ellos, debería de haberse adelantado dijo, tratando hacerse entender con los otros compañeros. CAPITULO SEIS TRAGEDIA TRAS TRAGEDIA Al amanecer la cosa se puso más difícil, ya que empezó a sobrevolarlos un helicóptero que les disparaba con metralleta. Se internaron en la espesa selva para protegerse, pero el combate continuaba. Después del medio día se calmó la batalla. Empezó el recuento de pérdidas y daños, había muchos heridos y varios muertos en su batallón. De pronto se dio cuenta que el único conocido que tenía su compañero `` Siete `` había fallecido. Abrieron una fosa común y allí enterraron a los caídos, tomando el camino de regreso. Según el discurso que les dio el cubano, habían ganado la batalla, porque del otro bando habían salido huyendo y tenían muchísimas bajas. Por cada héroe caído, les dijo, hay por lo menos diez muertos en el ejército. El apoyaba a un compañero que entendió era el ``cinco`` ya que al llamarle extendía los dedos de la mano. Ya casi al finalizar la tarde pasaron por el pueblo donde habían comprado el maíz y las gallinas, y no podía creer lo que sus ojos miraban. Habían sido masacrados sus pobladores, no quedaba nadie vivo, los ranchos quemados aún humeaban, pensó buscar los cadáveres de la niña y su mama, pero lo detuvieron, tal vez este minado el suelo le dijeron, así que casi entró en shock de ver tanta crueldad. En una esquina estaba un rótulo que decía: Esto le pasará a los que vendan comida a la guerrilla. Mario sintió ganas de llorar, esta escena dantesca le había recordado el episodio de Paula y Paulita. Qué culpa habían tenido los pobladores del pueblo, si les vendieron comestibles porque no tenían otra, ellos andaban armados y no aceptarían que se rehusaran a venderles, y ahora el ejercito los había matado por hacerlo, se dio cuenta de que estaban en medio de una guerra en la que todos perdían, una lucha ideológica entre Gringos y Rusos, en donde los Guatemaltecos lo que poníamos eran los cadáveres. Esa noche no pudo dormir. De su batallón habían muerto como quince compañeros, incluyendo su amigo ``Siete``, habían como diez heridos, del lado del ejército por lo menos era un dato similar, que cantidad de muertos. De pronto cayó en cuenta que él había disparado cientos de balas, ¿Y si habría matado a algún soldado, o a varios? Se estaría convirtiendo en un asesino a saber de cuantos, valdría la pena estar en una guerra que a el no le importaba, lo único que sentía era horror por los dos bandos que utilizaban a los pobladores como carne de cañón, y ahora el era participe de esa masacre. Creyó que se volvería loco, la tragedia era una tras otra, y le estaba afectando aún más su mente. Debería pensar algo para salir de esta situación que se estaba volviendo más fuerte que él mismo, no sabría a donde iría a parar. Era Domingo y les dieron permiso para bajar al poblado próximo. Se sentó en una banca del parque, no tenía a donde ir, ni a quien visitar, se recordó de su mama doña Florencia, que lejos estaba de sospechar en donde andaba su querido Mario López, y en que situación se había envuelto. Un par de mujeres le entregaron una hojita y una de ellas le dijo: Joven sabe usted que Jesús le ama. Le parecieron unas palabras de burla, como iban a hablarle de un Dios amoroso, después de haber sido testigo de tanta tragedia tan brutal y con cizaña. Les tiró la hoja de regreso y les dijo: la religión es el opio de los pueblos señoras, aléjense de mí. La señora se retiró no sin antes decirle: no importa que a haya hecho usted o que dolor tenga, Dios le ama y le perdona, búsquelo. Esas palabras le provocaron más rabia, se paró de la banca balbuceo una expresiones molestas y se retiró, qué atrevimiento de mujeres, estaban locas, pensó. NUEVA ESTRATEGIA Comprendió que no iba a poder soportar la prueba de fuego que le habían puesto los comandantes Otto y Roberto. Si moría en algún combate ¿Quién vengaría a Paula y Paulita? Pero debería pensar en una forma de salir de allí, y cumplir su venganza. Como primer punto pediría su traslado a la célula de explosivos, para que le enseñaran a hacer una bomba, estaba convencido de al encontrar al culpable de la explosión en el restaurante le debería matar de igual forma, para que sintiera lo que su esposa e hija había sentido. El cubano le autorizó a pasar a la célula y el que la dirigía Héctor era también un estudiante que se había ido a preparar a Nicaragua en explosivos. Así que le dio a estudiar un manual teórico para que lo aprendiera en los momentos de descanso. Mario lo estudió y aprendió rápidamente. Héctor se había quedado asombrado del interés de su alumno por el tema, y le dijo que le iba a instruir porque él necesitaba alguien que le supliera cuando no estaba. Mejores noticias no habían para Mario. Aprendería, practicaría y después el mismo se heriría con su arma para que lo devolvieran a la ciudad, incluso en calidad de héroe, se involucraría en la célula de explosivos de la ciudad, averiguaría quien había puesto la bomba en el restaurante y lo haría volar. Al fin su venganza tenía una buena estrategia. Héctor le enseño como manejar los diferentes elementos explosivos, detonadores, relojes y todo lo que había aprendido en su curso, y la práctica que le había dado la guerra. La célula de explosivos tendría una misión especial, podrían una bomba en el camino para hacer volar un camión lleno de soldados. Héctor le dijo a Mario que esa era su prueba, que el estaría a cargo de la fabricación de la bomba, la colocación en la carretera y la detonación. Mario estaba totalmente realizado, su estrategia estaba funcionando perfectamente, aprendía como habían matado a su esposa, se especializaría y muy pronto regresaría a conocer a los que habían fraguado tan desgraciada explosión para vengarse. Lo único que no lo dejaba tranquilo era que tenía que detonar la bomba en el camino, para explotar el camión con soldados ajenos a su venganza, se recordaba cuando los vio pasar tan cerca con su célula, eran jóvenes en su mayoría indígenas, que pertenecían a una familia, muchos quizá morirían. Pero ya posiblemente había matado a alguien en el enfrentamiento y ni modo estaba en medio de una guerra, el costo de su venganza estaba resultando muy alto, era parte de esa ingrata existencia que le tocaba, ya que su vida, no tenía sentido. Se llegó el día del atentado. Mario con la supervisión de Héctor había construido la bomba. En la noche la habían colocado en el puente del camino donde pasaría el camión del ejército, y como a trescientos metros escondidos en el bosque estaban preparados con el detonante, el cual Mario accionaría en el momento adecuado. De pronto vieron aparecer el camión lleno de soldados, se acercaba al puente y a Mario se le nubló el pensamiento, no podía creer lo que estaba a punto de hacer, asesinar a un grupo de soldados. Héctor comenzó el conteo, Cinco, dijo, a Mario le pasó su vida en una película, Cuatro, se recordó de Paula y Paulita y se envalentonó, Tres, Mario se dio cuenta que estaba sudando y las manos les temblaban en el detonador, Dos, escuchó, y de pronto pensó, estos soldados no estaban ni tienen nada que ver con la explosión del restaurante, Uno, dijo Héctor, y Mario se encontró en una terrible lucha interna,¡¡ Fuego¡¡ y Mario sintió que no podría apachar el detonador. La explosión ensordecedora su escuchó en todo el valle. Los guerrilleros empezaron a disparar hacia los restos del camión que había volado por los aires, y luego salieron en retirada. Se adentraron en la selva profunda, ya que a lo lejos se escuchaban disparos. Una patrulla del Ejército los perseguía. De pronto se encontraron con un grupo de indígenas que vivian en condiciones infrahumanas en la selva. Estaban desnutridos, enfermos, vestían ropas rotas y no hablaban español. Mario nunca había visto personas en tales condiciones de existencia. Le preguntó a un compañero porque estaban así. Huyeron a las montañas para salvar sus vidas de las masacres, se mantienen en constante movimiento, casi no tienen nada que comer, y nos tienen miedo al vernos con armas y uniforme. Algunos se fueron a México, pero ellos se han quedado deambulando en las montañas de Guatemala, le terminó diciendo. Mario estaba turbado, eran otras víctimas inocentes de la guerra, que estaban muriendo por el abandono. También escuchó que las masacres era de ambas partes. Esta gente desplazada de sus aldeas estaba condenada a sufrir por todos lados y también morirían, solo que lentamente. Realmente estaba desesperado por ver tanta injusticia dolor y muerte. Su ser interno se estaba transformado en un monstruo de mil cabezas. No sabía que decir o hacer. El sentimiento de venganza por su esposa e hija, se estaba quedando pequeño al ver tanto dolor, que nunca su mente podría haberse imaginado. CAPITULO SIETE OFENSIVA EN LA CAPITAL Héctor le dio dos buenas noticias. La primera es que como él había detonado la bomba al camión militar, porque se dio cuenta que se quedó paralizado. Por supuesto le dijo que otra vez no estaría para auxiliarlo, y que lo más importante de la acción era detonarla a tiempo, porque si se hubiera hecho cuando el camión ya hubiera pasado pues los muertos serían ellos porque los soldados los hubieran perseguido. La segunda casi hace saltar a Mario de la emoción y es que habían definido una ofensiva total en la capital y su unidad la trasladarían a la ciudad. Por fin Mario estaba en el camino de su estrategia, en el grupo de explosivos y se dirigiría a la ciudad, allí conocería a los que habían hecho la explosión en el restaurante, matando a Su esposa e Hija. Que bueno que no tenía que herirse con su arma para que lo enviaran de regreso como lo había planificado y además Otto y Roberto ya no tendrían dudas de su involucramiento. La prueba de fuego la había pasado. Doña Florencia casi no lo reconocía, Mario venía delgado, moreno quemado por el sol, con varias cicatrices y con una expresión de dureza en el rostro. El le dijo que era parte de su tarea universitaria y que le había ido bastante duro. Preguntó por los padres de Paula y dijo que los visitaría. A pesar de todo se miraba optimista y su mama se alegró por ello. Se cumplieron dos años de la Explosión. Se juntaron en el cementerio, dirigiéndose a las tumbas de Paula y Paulita. Don Lizardo y doña Paula llevaban flores blancas para Paulita y una corona de margaritas amarillas para Paula. Doña Florencia había mandado a construir unos floreros y llevaba flores de varios colores para colocar. Mario llevaba un ramo de rosas rojas para Paula, y rosas blancas para su hijita. Lloraron y estuvieron un buen momento en silencio, a pesar de haber transcurrido el tiempo, les parecía que había sido ayer. Mario con el seño fruncido le decía en silencio a Paula, pronto te vengaré mi amor, quien nos mato los sueños, nuestras aspiraciones y a nuestra hija, desaparecerá de la tierra. Si supieras lo que me ha tocado vivir, mi experiencia con la muerte el dolor y el sufrimiento, me han cambiado el corazón. Ya no soy ni la sombra de quien te enamoraste, pero mi meta esta trazada, aunque existo, esa explosión también acabó conmigo, solo vivo para vengarte. Después dirigió la vista hacia la tumba de Paulita: Hijita de mi alma, aquí estoy contemplando tu fría tumba, pero se que estas en el cielo, porque eras un angelito inocente. A veces pienso que estuvo mejor que partieras, porque el país en el que vivimos se desangra y no creo que existiría un futuro bueno para ti. Le interrumpió don Lizardo para invitarlo a su casa a tomar café, Claro, vamos, le dijo, como quisiera decirle a su suegro que la venganza dela muerte de Paula, pronto llegaría, y a Doña Paula, consolarla con esa idea, pero no deberían de tener la menor sospecha. Al llegar a la Universidad pronto llegó María a saludarlo, su expresión había cambiado porque había demostrado que era uno de los suyos. Hemos oído de tus hazañas, le dijo y te quieren hablar Otto y Roberto. Mario no sentía ningún orgullo de haber estado en el Quiché, al contrario, venía con ganas de decirles que en esa su guerra, los que estaban poniendo los muertos eran los pobladores de las aldeas, que no tenían nada que ver en el asunto, pero tenía que aguantarse. Otto y Roberto lo saludaron cordialmente y hasta pidieron un aplauso para Mario que había regresado con éxito de la montaña. Tenía que sonreírse como agradeciendo, pero su pensamiento era otra cosa. Allí estaba Héctor, quien ahora coordinaba la ofensiva en la ciudad en el área de explosivos. Dijo de que ya estaban preparados y listos para llevar a cabo los atentados en la ciudad para debilitar al enemigo, que la guerrilla dominaba casi todo el occidente y en la capital darían su golpe final. El sábado se reunirían con los comandos que accionaban en el área urbana para hacer el plan. Mario se puso contento y nervioso, al fin conocería al autor de su desgracia. TODOS ERAN SOSPECHOSOS Llego el día esperado y sufrido por Mario, estaría junto con los que habían realizado la explosión en el restaurante. No podía fingir que no estaba nervioso. Quedaron de juntarse en la universidad, llegó temprano a la sede del grupo, encontró al coordinador y los otros tres compañeros de Quiché. Héctor les explicó que existían dos grupos de explosivos, el comando Reformita y el comando Ciudad Nueva y ellos formarían el comando Quiché. El comando Reformita estaba también compuesto por cuatro compañeros, lo dirigía el compañero Silvio que había sido entrenado en México y Ciudad Nueva lo dirigía la compañera Ingrid, que había sido entrenada en Rusia, por lo que todos eran especializados en su campo y conformarían la estrategia final de la ciudad. Les dijo que como el sería el coordinador general, el grupo Quiché, lo comandaría Mario. El estaba contento. Estaría dirigiendo y esto le daría cierta jerarquía con el grupo, lo que le facilitaría la información que necesitaba. Llegó Silvio con sus tres compañeros y se presentaron. Mario lo observó de pies a cabeza, le parecía que tenía todo el perfil para haber sido el que había hecho la explosión en el restaurante. Tenía que ser amable con el grupo para ganarse su confianza, y los saludó cordialmente diciéndole que los admiraba por los éxitos que habían logrado en la ciudad. Llegó también Ingrid y su equipo, le pareció una joven muy bonita para estar metida en esas tareas, pero también podría ser la culpable de la explosión, también tendría que ganarse su confianza y sintió una mirada muy especial de ella. Si fuera necesario enamorarla para sacarle la información lo haría, total su venganza sería brutal, con todo lo que le había pasado ya no le importaba nada. Héctor también le pareció sospechoso, porque dio que había venido a la ciudad a realizar algunas tareas. También entraba en su lista de sospecha. Los nueve le parecían capaces de haber realizado el ataque en el que habían muerto Paula y Paulita, así que tendría que observarlos con cuidado, ya que podrían estar organizados de otra forma por el tiempo que había transcurrido. Héctor estuvo explicando la estrategia y dividió las tareas. El comando Quiché estaría a cargo de la voladura de puentes de acceso a la capital, y dentro de la ciudad. El comando Ciudad Nueva, estaría a cargo de los atentados a las subestaciones eléctricas y otros puntos importantes de infraestructura, y el comando Reformita por sus éxitos en los intereses imperialistas, tendría a su cargo puntos específicos de empresas y embajadas. Mario confirmó sus sospechas, Silvio era el principal sospechoso, lo seguiría como perro de caza, hasta comprobar su participación y realizar su venganza. Lo primero que debería hacer era hacerse amigo de él y de Ingrid, ya que ahora los tres estaban a un mismo nivel. Después de recibir las instrucciones, los invitó a un bar cercano para conocerse mejor. Silvio pidió ron, Ingrid cerveza y él para no quedarse atrás, pidió también ron. Mario se convirtió en el alma de la reunión, se acordó de algunos chistes que había aprendido hacía muchos años, además les contó exageradas experiencias de juventud, mientras seguían tomando. En sus afanes de quedar bien, no consideró que nunca había bebido ron y empezó a sentirse mareado. Los otros dos compañeros habían aprendido a no comentar nada, solo escuchaban y tomaban en cuenta. Sin embargo, les cayó en gracia su comportamiento. Ingrid lo llevó en su carro hasta su casa, le había caído bien, pero en las tareas que desarrollaban, su comportamiento era peligroso. Mario no sabía que le pasaba, trataba de controlarse y se reía por cualquier cosa, le costaba pararse, por querer ganarse la confianza de Silvio e Ingrid, sabía que estaba echando todo a perder. En su descontrol debería controlarse. Contaba hasta diez en su mente, pero con su cuerpo no le respondía. Por lo menos pudo dar la dirección de su casa. Entró directamente a vomitar en el baño, doña Florencia nunca lo había visto así, pero pensó reclamarle hasta el otro día, lo importante era que durmiera. A Mario se le pasaban por la mente todos los rostros de los diez compañeros, todos le parecían sospechosos, además con lo mareado que estaba, se le confundían los rasgos. CAPITULO OCHO TODO POR EL TODO Se comunicó con Silvio para arreglar el incidente. Le dijo que le disculpara lo del bar, pero que le comprendiera después de tanto tiempo estar en la montaña se había emocionado. No hay problema le dijo, pero una actitud de esas fura de control, podría delatarlos, sobre todo en un lugar público. Mario se comprometió a ya no repetirlo. Con Ingrid definió una nueva forma de comportamiento. Se había dado cuenta que le gustaba, por lo que pidiendo disculpas a la memoria de Paula, se propuso enamorarla para tenerla de su lado y que no le obstaculizara su venganza. Hizo una cita con ella y le pidió disculpas por su comportamiento, pero, le dijo, que se había descontrolado porque estaba sorprendido de lo bonita que era y que en medio de tanto dolor y lucha ideológica le parecía que ella era un oasis. Ingrid sonrió, pero le dijo algo similar de lo que Silvio le había expresado. Acordarte que en esto están en juego nuestras vidas, y en esta guerra cualquier error podría ser fatal. Mario junto sus manos y le hizo una reverencia sonriendo. Su `` metida de pata `` creía que la estaba solucionando de una mejor manera. Tendría que acercarse a Silvio para ganarse su confianza, saber como planificó y ejecutó la explosión en el restaurante. Decidió que Silvio deberían de morir en la misma forma que Paula, por lo que pretendía escoger un restaurante sentarlo en una meza que ya habría preparado, el ir al baño y detonar a control remoto la bomba, que no sería muy potente para que solo muriera el. Con la teoría y práctica que obtuvo en las montañas de Quiché, estaba preparado Héctor los citó para darles instrucciones. El comando Ciudad Nueva volaría una subestación eléctrica de la zona doce, el comando Reformita podría una bomba en un restaurante que visitaban asesores extranjeros del gobierno y El comando Quiché, volaría un puente de acceso a la ciudad en el atlántico. Les dio los planos, las direcciones y los materiales para realizar las explosiones para crear pánico en la ciudad. Tendrían que reconocer los lugares, preparar los explosivos y estar listos para el llamado: Día del pánico urbano. Se reunirían en una semana y todo debería estar preparado. Mario decidió que Ingrid debería tener más información de cómo Silvio había preparado la explosión del restaurante, así que al otro día le llamó para preguntarle si le podía explicar algo que no había entendido. Ingrid lo citó a su apartamento. Todo le estaba saliendo como lo planificó. Llegó con una bolsa de papel. Ella le abrió la puerta, tenía puesto un vestido rojo, su cabello suelto rizado. Mario que solamente la había visto en jeans y con el pelo agarrado se sorprendió de su belleza. Pero pronto volvió a su pensamiento original, lo que quería de ella era información. En la bolsa llevaba una botella de vino y pronto se platicaban de cosas graciosas y de coqueterías. Le pidió que le contara de sus experiencias en Rusia y cosas sin mucha importancia. Mario había aprendido la lección y solamente daba sorbitos al vino. De pronto se quedaron viendo a los ojos y se besaron. Mario tendría que parecer lo más sincero posible porque sabía de la fama de Ingrid de ser implacable. Si sospechara o lo descubriera seguro que hasta allí llegaba su existencia. Pasaron toda la noche juntos, Mario sentía que estaba traicionando a Paula, miraba a Ingrid y le parecía atractiva. Alto, se dijo, el no tenía derecho a pensar nada más que en su esposa y Paulita. En la mañana Mario le llevó un jugo de naranja a la cama, y siguió platicando con ella con toda naturalidad. De pronto le hizo la pregunta más importante de su conversación ¿Como Silvio había tenido tanto éxito en la explosión del restaurante de la cadena extranjera de la trece calle, hacía ya más de dos años? Ingrid se sobresaltó y le dijo que ella no comentaba nada de lo pasado, sobre todo si tenía que ver con sus compañeros. ¿Por qué me haces esa pregunta? Mario se dio cuenta que tendría que dar una respuesta convincente. No tengo ninguna experiencia en atentados en la ciudad, le dijo, solo en la montaña. Quiero tener la mayor información posible para considerar todos los detalles posibles. Ingrid se intranquilizó y le pidió que se marchara porque tenía que hacer. La pregunta le había arruinado el momento y tal vez había desbaratado sus planes de venganza. Mario sabía que era un momento crucial para su plan y fingió estar molesto. No creo que una pregunta sin importancia sea para que te enojes, si no querès ayudarme pues no te preocupes, yo me prepararé sin tu apoyo. Se terminó de vestir y se marchó sin decir una palabra. Sabía que se jugaba el todo por el todo. PREPARANDO LAS ACCIONES Se reunieron con Héctor, ya estaban listos para la acción. Quedaron de planificar mejor los detalles, ya que el ejército estaba vigilando especialmente los puentes y las subestaciones eléctricas, tendrían que tener mucha precaución y destreza para tener éxito. Mario no le dirigió la palabra a Ingrid, debería demostrar dureza para que ella tomara la iniciativa de hablarle, además el tendría que ir a observar el puente que quedaba a treinta kilómetros. Llegó al atardecer y observó que una patrulla cuidaba el puente. Tendría que vigilar las 24 horas para ver la rutina. Hizo un refugio en una colina cercana y se puso en guardia. Como a eso de las siete de la noche escuchó un altoparlante de una iglesia evangélica cercana, donde cantaban. No podía ser, tendría que escuchar esa bulla, se dijo, pero no había otra colina cercana para observar. Quiso taparse los oídos pero era peligroso no escuchar, al otro día buscaría otro lugar. De pronto un jeep y un camión del ejército se detuvieron e hicieron el cambio de Guardias. Eran la siete con treinta y cinco, apuntó en su bitácora. Tardaron como diez minutos y luego se marcharon. Todo se quedó en total silencio, solo de vez en cuando los vehículos pasaban sobre el puente. A pesar de que trataba de pensar en sus planes, la bocina de la Iglesia no lo dejaba concentrarse. Aunque no quería, tuvo que escuchar las palabras del que hablaba. De pronto volteó a ver si no había alguien cerca que le conociera, porque lo que hablaba el disertante era directamente para él. Decía que uno debería practicar el perdón. Si se arrepentía y pedía perdón a Dios, el le perdonaría y le daría una nueva vida, era como nacer de nuevo, ya que las raíces de nuestras amarguras y la falta de paz, eran primordialmente porque no habíamos perdonado a los que nos habían ofendido. Mario se sonrió y se dijo para si, a mi no me han ofendido sino que matado a mi esposa e hija y eso no tiene perdón. Sin embargo como que le contestara, el predicador dijo a través de la bocina, que Dios había mandado a su hijo Jesucristo a la tierra, a quien le habían matado y crucificado en una cruz por nuestros pecados, pero que a los tres días había resucitado y esa era la muestra máxima de su amor por nosotros. De pronto se acordó de aquellas señoras que le habían dicho en una banca del parque en Nebaj, que Jesús le amaba. Todos estos son fanáticos religiosos, se dijo, la religión es el opio de los pueblos. Los Curas estaban en los dos bandos de la guerra y hablaban del amor de Dios. Cerró su mente y se puso a pensar en su Paula y Paulita, sus días felices, y como su venganza estaba a punto de concretarse. Dios es para las personas débiles se dijo. Al poco tiempo se terminó la transmisión del sonido. Legaría al otro día con Andrés para tener alguien con quien platicar. Como a las tres de la mañana se dio cuenta que tres de los cuatro soldados estaban dormidos y solo uno vigilaba, tendría que ver que hacían durante el día para encontrar el mejor momento para colocar la bomba en el puente. Su plan era contar con un distractor para que los vigilantes descuidaran el puente. Con diez minutos que tuviera el podría colocar el artefacto. Héctor los citó el viernes para saber como iban los planes y Mario le contó lo que realizaría y que necesitaba el apoyo de un distractor. Ingrid dijo, yo iré en mi carro y pediré ayuda a los soldados para cambiar una llanta que llevaré pinchada mientras colocas el explosivo. Mario quedó sorprendido, eso significaba que Ingrid quería establecer de nuevo su relación, eso le daba la ventaja de conseguir finalmente los nombres de quienes habían colaborado con Silvio en la explosión del restaurante. Te agradezco mucho, le dijo, sonriéndole y mirándola coquetamente. Héctor se dio cuenta del cruce de las miradas. Les recordó que lo que hicieran en su vida privada era cuestión de ellos, que no recomendaba lazos afectivos entre sus miembros porque era muy riesgoso. Ingrid le dijo que no se preocupara, ella tenía el suficiente control de si misma como para dejarse influir por sus sentimientos en las tareas que llevaran a la liberación del sufrido y explotado pueblo de Guatemala. Mario solo pudo decir, yo también. CAPITULO NUEVE PUESTOS EN ACCION Mario preparó su artefacto explosivo, lo detonaría con la alarma del reloj que le colocó. Tenía bastante potencia porque era un puente de concreto el que afectaría. Llamó a Ingrid para ponerse de acuerdo con el carro y el distractor. Tal como esperaba ella lo citó en su apartamento y llegó bien arreglado, total su plan con ella estaba funcionando y debería completarlo. Al salir a su encuentro ella le dio un romántico beso, le correspondió también sonriendo, pronto dieron rienda suelta a sus pasiones. Mario se preparaba mentalmente pidiéndole perdón a Paula, pero esas acciones lo llevarían a ejecutar su venganza, aunque por momentos apreciaba el cariño de Ingrid. El estaría preparado en la colina junto con Andrés. Ingrid pasaría como a las once de la noche por el puente con la llanta bien baja, se estacionaría y le pediría a los soldados que la ayudaran a cambiarla, por supuesto cargaría una minifalda para distraer aún más a los guardias. El se deslizaría por la colina colocaría el artefacto programado para detonarse en dos horas. Se adelantarían como medio kilómetro y allí lo recogería Ingrid para regresarse a la ciudad. Todo estaba bien planificado. Ingrid le dijo que si quería información de los atentados, especialmente el del restaurante que le preguntó. Se inquietó, pero para ganarse más confianza con ella le dijo, no te preocupes, solo era una conversación, que continuaremos después, ahora lo importante era ejecutar lo del puente. Ingrid le respondió con otro beso. Al otro día, se despidió de ella, quedaron de comunicarse el viernes en la mañana que era el día decido para ejecutar el plan. Mario de regreso a su casa pensaba hasta donde lo habían llevado las circunstancias y como había cambiado de ser un esposo y padre con un bello plan de vida, a ver tanta muerte, dolor, sufrimiento y como se convertía en un ser frío calculador y capaz de representar los papeles que estaba fingiendo con tal de ejecutar la venganza de su vida, ya que desde la muerte de Paula, solo le habían pasado circunstancias desagradables. Bueno la relación con Ingrid quizá no, pero el ya no tenía derecho a tener una vida diferente. Salieron el viernes a medio día hacia el puente, Ingrid maquillada y con minifalda se miraba muy atractiva. Andrés le dijo un piropo, y ella le contestó: tranquilo compañero, esto solo es parte del plan, no se confunda, atento que todo tiene que salir bien. Dejó a Mario como medio kilómetro antes del puente. Al pasar chequeó a los guardias y siguió tranquilamente. Al caer la noche Mario y Andrés estaban en la colina, justo para deslizarse al puente. A las siete de la noche en punto empezó a sonar el altoparlante de la Iglesia. Se puso muy disgustado de tener que escuchar esos cantos. Le comentó a Andrés los disparates que había escuchado la otra noche, de Perdón, arrepentimiento, nacer de nuevo y que Jesucristo había sido muerto por ellos y que Dios les amaba. Con lo que nosotros hemos vivido y visto no podemos creer en tanta palabrería dijo. Andrés no contestó. El tenía una formación cristiana desde pequeño y estaba en una batalla interior con relación al tema espiritual. Mario siguió hablando en contra del tema y se exasperó aún más cuando empezó el disertante a Hablar a través de la bocina. Habló de la paz que Cristo ofrecía, sobrepasaba todo entendimiento, la necesidad del arrepentimiento y perdón, e insistió que lo habían matado y crucificado, muriendo por los pecados de la humanidad. Que había resucitado a los tres días y era una persona espiritual. Mario pensó, que el no tendría paz hasta que vengara a Paula, pero esa paz que hablan que sobrepasaba todo entendimiento, no comprendía. Había escuchado que Jesucristo había sido un revolucionario, y por eso los compañeros hablaban a veces de él, pero haciendo la salvedad de que la religión era el opio de los pueblos. Insistió en preguntarle a Andrés, que le dijo, yo sí creo que pasó lo que dicen, estoy seguro de que existe un creador. No quiso dar ningún detalle más, porque su batalla interna era muy personal y en el fondo el mensaje revolucionario lo había convencido de la injusticia social pero no la negación de Dios. Se recordó cuando tuvo que contestar en la universidad, para no perder un examen, que descendemos del mono, cuando lo que el creía era que existía un Creador del universo. Tuvieron que escuchar la disertación. Mario se la paso contradiciendo todo lo que escuchaba. Eran la diez con treinta de la noche, Ingrid aparecería a las once, así que Mario y Andrés revisaron todos los detalles, el explosivo esta listo para conectarlo, el detonador tenía el plazo acordado para accionarse, se deslizaron hasta estar lo más cerca posible del puente pero sin que los vieran y esperar el momento de actuar. Se asombraba de lo frío que era para hacer algo tan destructivo, la vida lo había transformado. A las once en punto de la noche, apareció Ingrid en su vehículo y lo estacionó al nada más pasar el puente. Se bajó a ver la llanta pinchada y se acercó a los soldados a pedirle ayuda. Su minifalda era muy atractiva y tres de los cuatro guardias se pusieron a cambiarle la llanta, mientras ella les coqueteaba y agradecía su ayuda. Los dos compañeros llegaron debajo de la estructura del puente y colocaron el artefacto explosivo. Mario programó el detonador en una hora, pintaron el nombre de Comando Quiche, Guerrilla Urbana y regresaron a la colina. Caminaron hacia donde Ingrid los recogería. Veinte minutos después y como medio kilómetro adelante, Ingrid los recogió enfilando rumbo a la ciudad. El comando Quiché había hecho su tarea. Mario le agradeció su ayuda y el cumplimiento exacto de su consigna, reconociendo que era una profesional en lo que realizaba. Dejaron a Andrés y se fueron al apartamento de Ingrid, aunque estaban ansiosos por la explosión y escuchaban las radiodifusoras de noticias para saber el resultado de su acción. CAPITULO DIEZ LA VIDA JUGABA CON EL. Las noticias de la mañana daban cuenta de la voladura del puente de acceso a la ciudad y la autoría del comando Quiché. Como la explosión fue a media noche, no había tráfico, y los soldados a pesar del susto, detuvieron el tráfico en ambas vías. Se reunieron con Héctor y felicitó a Mario por el resultado de su acción, el comandante general estaba muy contento con ellos y quería conocerlo personalmente. A él nada de eso lo importaba, sino que pidió un aplauso para Ingrid, que fue su principal apoyo en la acción. Sabía que se había ganado totalmente la confianza de ella y ahora podría obtener la información completa del atentado de Paula para vengarse. Estarían preparados para la siguiente acción y Mario invitó a cenar a Ingrid para celebrar. Después como se estaba haciendo costumbre se fueron al departamento de Ella, se besaron apasionadamente, Mario mentalmente le pidió perdón a Paula, pero estaba a punto de obtener finalmente la información del atentado. El pidió continuar con la conversación que se quedó pendiente la noche en que ella se enojó, que constara que solo era para tener más conocimientos de los atentados anteriores y ser más eficiente en el futuro. Le preguntó específicamente los nombres de los que acompañaron a Silvio en esa explosión. Ingrid sonrió y le dijo: Solo porque te quiero tanto y has demostrado tu entrega a la causa del pueblo te lo voy a decir. Ese atentado fue planificado y ejecutado por mí. Mario se quedó atónito, estaba abrazado de la asesina de su esposa e hijita. Sabía que tenía que reaccionar con naturalidad. Creo que fue una gran explosión, fue lo único que se le ocurrió decir. La alejó suavemente de sus brazos y se dirigió al baño. Se miró al espejo, estaba sudando frío, por primera vez en su vida no sabía que hacer ni que decir. Ingrid no debería de sospechar nada. Después de un momento de tratar de analizar que hacer, dejó ir el agua en el sanitario y salió diciendo: Tengo un gran dolor de estómago creo que lo que cené en el restaurante me cayó muy mal, mejor nos vemos mañana. Ella dijo: Tengo un buen remedio para el estómago, pero Mario fingiendo dolor, le respondió que su mamá tenía lo que a él le aliviaba y que mejor su vieran al otro día. No lo podía creer, la vida estaba jugando con el para todos lados. Se dio cuenta que a pesar de que su estrategia era sacarle información a Ingrid, ella le había despertado un sentimiento que sin parecerse al que tenía por Paula. Tal vez era cariño o algo más. Sin embargo dio tanta vuelta para llegar a obtener la información para su venganza, que ahora que la tenía, estaba estupefacto. ¿Que diría Paula? Si lo estuviera viendo ¿y paulita? De pronto un bocinazo de un vehículo le hizo reaccionar, estaba atravesándose la calle y no se daba cuenta. Caminaba como zombi. Su plan de venganza estaba muy claro, para él la vida sin Paula no tenía sentido. Para llegar a este punto, había tenido que estar de frente con la muerte, convertirse en un actor de primera línea, enfrentarse a situaciones inimaginables, que lo habían convertido en un cruel y brutal asesino, ya que sus compañeros por lo menos tenían un argumento de buscar que el pueblo viviera mejor, pero él solamente viviendo con su odio, rencor y sed de venganza. Pasó por su mente lo que escuchó en aquella colina, La paz que sobre pasa todo entendimiento, quizá, eso era lo que el necesitaba, perdonar, continuar con su plan, no sabía que hacer, su confusión era total. Se refugió en su casa, doña Florencia esta preocupada por verlo en esa situación, casi no comía, estaba delgado y no muy le dirigía la palabra. Se comunicó con Héctor reportándose enfermo y no se atrevió a hablar con Ingrid. No tenía alternativa, su plan de vengar la muerte de su esposa e hija eran su único motivo de vida. Pero tenía que atentar contra la vida de Ingrid, de todas maneras ella parte de un movimiento social que estaba en guerra contra el sistema. Sabía que en esas acciones ella se había convertido en asesina de mujeres y niñas indefensas, pensó, que no tenían nada que ver con la guerra, al igual que las personas de las aldeas del Quiché que fueron asesinadas o desplazadas dentro del enfrentamiento armado, en el que ellos solo ponían los muertos. Además Ingrid viajó a Rusia a entrenarse para matar. Ella era culpable de muchas acciones, pero lo que a él le importaba era como esa explosión había terminado, además de sus seres adorados, con su vida. Solo existía motivado por la venganza. Pensaba que estaba vivo por cobarde, ya que para que Paula no se diera de la emoción de sus lágrimas, se refugió en el baño para secárselas. Si se hubiera aguantado también hubiera muerto en la explosión, y asunto arreglado. No comprendía porque la vida, o tal vez si existía Dios, le permitieron la existencia. En su lucha existencial definió claramente su decisión. Su plan de venganza tendría que llevarlo a cabo, costara lo que costara, aunque él también muriera, ese podría ser su destino. CAPITULO ONCE EXPLOSION MILAGROSA El escenario sería el mismo, un restaurante de franquicia internacional, la bomba solo tendría la potencia para destruir la mesa donde estaría Ingrid, ya que no quería que nadie más sufriera consecuencias de su venganza personal. No tenía nada que ver con el enfrentamiento ideológico, ni la injusticia social, Rusia, Estados Unidos, la burguesía, la pobreza, o tantas propuestas intelectuales y materiales que sufría su patria, con tal de llevar a un grupo al poder y al otro aferrarse a el. Ni soldados ni guerrilleros, ni generales ni comandantes, esto era su respuesta al sufrimiento que le había causado una acción que consideraba a las personas que no tenían arte ni parte, como `` daños colaterales `` También lo haría en la memoria de tantas víctimas que no tuvieron nada que ver en la guerra, pero que habían muerto por su causa, sin saber de que se trataba. ¿De que se había enterado Paulita en su corta existencia? Enviaría una nota a una radiodifusora indicando sus motivos. Preparó el artefacto explosivo en un maletín de cuero. Tendría un detonador de tres minutos, al accionarlo él se dirigiría al baño, como el día de la muerte de Paula y Paulita. Estuvo varias veces en el restaurante, escogió la mesa de una esquina, tomó el tiempo, todo estaba preparado. Escogió el día y la hora. Llamó a Ingrid diciéndole que ya estaba bien y para demostrárselo la invitaba a almorzar. Ella lo escuchó un poco raro, pero pensó que era consecuencia de su enfermedad estomacal. Quedaron de reunirse en el restaurante a las doce treinta, era la hora aproximada de la explosión que había matado a su esposa e hija. Como siempre Ingrid llegó puntual. Mario sabía que no debería levantar ninguna sospecha. La recibió con un beso apasionado al que ella respondió amorosamente. La mesa escogida estaba vacía, pidieron su comida y se sentaron. Mario sonreía. Su día había llegado. Mario le dijo a Ingrid que iría al baño. Todavía no está bien del estómago, pensó ella. Deslizó el dedo debajo de la mesa accionando el detonador y se levantó. Sentía que le pesaban los pies al dirigirse al baño de hombres. Entro, estaba sudando frio y pensó: Paula y Paulita la venganza de su muerte esta a punto de realizarse. Volvió a pasar su vida por su mente como una película en pocos segundos. ¿Y si de verdad existiera Dios? Se pregunto, ¿Y si mejor perdono a Ingrid? De todas maneras con que ella muera Paula no va a resucitar. Empezó a darse cuenta que con su venganza no encontraría la paz, tal vez el predicador tenía razón en que debería buscar la Paz que sobre pasa todo entendimiento en el mensaje Cristiano, ¿ Y si Dios realmente le amara, como le habían dicho aquellas mujeres en el parque de Nebaj ? Se había convertido en un ser insensible al dolor humano, en un implacable asesino. ¿Cómo su mente había imaginado el plan para vengarse de Ingrid? Ella solo lo apoyaba y quizá lo quería en serio ¿Que pensaría su madre si supiera la verdad? Se desarrollaba una tremenda lucha dentro de su interior. Quizás lo mejor sería morir junto con Ingrid y terminar con todo. En el espejo solo vio reflejada la imagen de un ser desconocido y sanguinario, la maldita guerra lo convirtió en víctima viviente. En el reloj solo faltaban treinta segundos para la detonación del artefacto que dejó en su maletín en la mesa de Ingrid. El corazón le latía tan fuerte, sudaba, quería quedarse en el baño tal como le había pasado cuando murió Paula y Paulita, pero también quería salir corriendo para salvar a Ingrid, o morir junto con ella y terminar con todo de una vez. Recapacitando dijo : Dios, si de verdad existes, perdóname y haz un milagro en mi vida . Voy a creer en ti de todo corazón, cambiaré mi forma de ser y transformaré todo este odio que tengo en amor para Ti y mis semejantes. De pronto se dio cuenta que faltaban tres segundos para la detonación y gritó ¡¡ Perdóname Dios ¡¡ dirigiéndose apresuradamente a la puerta del baño escuchó explosión en los alrededores. Al salir se asombró que todo el personal y algunos clientes observaban nerviosos hacia la calle y que Ingrid no estaba en la mesa. Corrió apresurado hacia la esquina. Muchos transeúntes se aglomeraban alrededor de un depósito de basura y milagrosamente allí estaba Ingrid, quien al verlo corrió a abrazarlo y le dijo: No se que pasó, pero un ladrón se llevó corriendo el maletín que habías dejado debajo de la mesa y al seguirlo la policía lo tiró dentro de este basurero y ha de haber topado con algún explosivo que estaba dentro de la basura, pero el metal del tonel contuvo el impacto. Mario cayó de rodillas en la calle llorando y Dijo: Gracias Dios por tu Milagro, lo prometido es deuda, te dedicaré mi vida. Ingrid extrañada no entendió nada, pero observó en el rostro de Mario una expresión de paz y felicidad que nunca había notado, abrazándose se fueron caminando hacia el futuro. FIN.
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